Te echan de la pecera. Borran, quieren borrar, de un plumazo tus dieciséis años, tus dieciséis recuerdos, las canciones heterogéneas que colgabas debajo de tus polvos, esos polvos tan divertidos, tan naturales, tan coloristas…

Te hubieran dejado, yo creo, si hubieras sido desgraciado, si tus polvos, en vez de divertidos, fueran sórdidos, si hubieras llorado un poco en vez de haber reído tanto… yo creo que, en el fondo, les has dado mucha envidia con tus orgasmos tan tempranos, tan contundentes, tan frecuentes, tan musicales y tan rotundos…

No te preocupes. De mí, no te borran. Dime donde estás que yo voy para allá. Escribe en otro sitio o mándame a mí lo que escribas, que yo te lo pongo donde sea… y un día, cuando podamos, les llenamos de polvos la coctelera.

Un besazo y hasta hoy